............Hemos consultado la previsión meteorológica y no parece que vaya a llover por aquellos lares más que el día 15. Así que hemos pensado que, ya que hurtáis bicicletas en Ferrara, podríais practicar el hurto de góndolas en Venecia, por si la cosa se sale de los cauces habituales cuando visitemos el villorrio. La 'cosa' es el mar, claro. Pero no sé si bastará con una cizalla para desamarrar las góndolas; sed previsores y tened a mano un serrucho o, en su defecto, una taladradora.
martes, 12 de abril de 2011
Carta a dos anfitriones
............Hemos consultado la previsión meteorológica y no parece que vaya a llover por aquellos lares más que el día 15. Así que hemos pensado que, ya que hurtáis bicicletas en Ferrara, podríais practicar el hurto de góndolas en Venecia, por si la cosa se sale de los cauces habituales cuando visitemos el villorrio. La 'cosa' es el mar, claro. Pero no sé si bastará con una cizalla para desamarrar las góndolas; sed previsores y tened a mano un serrucho o, en su defecto, una taladradora.
domingo, 16 de enero de 2011
En el jardín de los Finzi-Contini
jueves, 23 de diciembre de 2010
En el jardín de los Finzi-Contini
martes, 16 de noviembre de 2010
En el jardín de los Finzi-Contini
sábado, 2 de octubre de 2010
En el jardín de los Finzi-Contini
Capítulo III: Las bicicletas no solo son para el verano
Cuando llegas a Ferrara desde el sureste de España te das cuenta de dos cosas: que la naturaleza puede ser verde y que hay más bicicletas que coches. No en vano, cuando se llega a esta ciudad por carretera hay un cartel que dice: Ferrara, ciudad de las bicicletas. La chica que va de acá para allá y yo nos pasamos los primeros días comprando cosas necesarias para comer y para hacer nuestra vida medianamente cómoda, como por ejemplo la nutella (imprescindible en Italia). Mientras tanto la colonia de estudiantes españoles Erasmus en Ferrara iba entendiendo también dos cosas: la primera, que aquí se necesita una bicicleta para moverse. Y la segunda, que nadie compra una bicicleta. Ejem, nadie compra una bicicleta de tercera mano, claro. Lo curioso es que el mercado de las bicicletas de segunda mano y de ocasión tampoco tiene mucho éxito. Parece ser que la gente prefiere que su bicicleta tenga un poco más de rodaje y las compra de tercera o cuarta mano.
‘Comprar’ una bicicleta de tercera o cuarta mano es algo así como una gymkhana porque la tienda no tiene un local fijo. Al contrario, se encuentra esparcida por toda la ciudad, y únicamente abre por las noches. Eso sí, toda la noche. Además su sistema de venta es al más puro estilo IKEA: tú te la buscas, tú te la montas. Lo mejor de todo es que las bicicletas solo te cuestan lo que te cueste la reparación. Lo cual deriva en que todas las tiendas de bicicletas nuevas te venden además repuestos para las viejas y tienen un taller de reparación porque el negocio está ahí: en reponer y reparar, porque nadie compra bicicletas en Ferrara.
Así que visto este panorama, a La chica que va de acá para allá y a mi nos iba entrando una creciente ansiedad por ‘comprar’ nuestras bicicletas de tercera mano. La cuarta noche cuando casi toda la colonia española se había hecho con la suya no aguantamos más y nos fuimos a por la nuestra. ¿A que son bonitas?

PD: Acabo de pensar que a este paso dejaré de ser un ex-presidiario.
