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domingo, 16 de enero de 2011

En el jardín de los Finzi-Contini

CAPITULO IX: Polonia, las prisas y la paciencia (2ª parte).

Tras tardar más de seis horas en llegar a Breslavia y dormir unas cuantas horas nos dispusimos a ver la ciudad. Lo malo de hacer turismo en una ciudad que se encuentra a -15º (o menos) es que a la media hora te duelen los pies, y no por el cansancio. Si encima haces como La chica que va de acá para allá y te vas metiendo en todos los jardincitos municipales con nieve como si fueras pisando baldosas amarillas es probable que te arriesgues a la congelación. El caso es que estuvimos 4 días en Breslavia. Comiendo comida polaca, bebiendo cerveza polaca y aprendiendo palabras básicas polacas. Pero Breslavia se nos quedaba pequeño y nosotros, aventureros, queríamos más ciudades. Descartamos Praga por estar un poco fuera de nuestras posibilidades y la cambiamos por Varsovia -que además tiene un barrio muy bohemio y famoso llamado Praga- el cual, como es evidente, Varsoviano de nacimiento, cartagenero de adopción, conocía con todo detalle porque era su ciudad. Como somos así de guays miramos los trenes en los que nos podíamos ir la noche de antes. Pese a las protestas de La chica que va de acá para allá intentamos mirar uno que no nos hiciera madrugar demasiado -solo levantarnos a las 8.30- y así llegar a Varsovia hacia media tarde. Varsoviano de nacimiento, cartagenero de adopción dijo que pillaramos hostal nosotros, que el ya mendigaría en casa de algún amigo suyo de Varsovia. Reservé hostal, apunté el localizador y me fui a dormir. A la mañana siguiente nos fuimos a la estación con el tiempo pegado (viajar por la mañana no es nuestro fuerte). Llegamos a la estación central de Breslavia a toda mecha con las maletas a cuestas, las botas hasta arriba de nieve y la ciudad llena de polacos. Por el túnel de entrada oía a La chica que va de acá para allá-iba unos veinte metros por detrás de mi- cagarse en nuestra pachorra y la manía que teníamos de ir siempre con prisas a todas las estaciones y entonces fue cuando oí algo tal que así:

La chica que va de acá para allá: "La madre que los parió. Siempre con prisaAAH ¡PLAS! (sonido de planchazo contra el suelo).

Se había resbalado y pegado la mayor torta de su vida. De costado contra el pavimento duro y mojado del túnel. Fui corriendo a socorrerla para ver si estaba bien. Supuse que sí porque seguía soltando improperios a una velocidad bárbara. Con todo llegamos al tren cinco minutos antes de que saliera -¡con dos cojones!- y tuvimos tiempo de comprar el billete y de que cuando fueran a pedírnoslo yo los pusiera a todos con el culo apretado porque no lo encontraba. Pese a todo esto cuando llegamos a Varsovia parecía que fuera Navidad. No porque estuviera nevado ni porque ya estuvieran todos los adornos. No. Por las caras de felicidad de los tres al salir de la estación. Varsoviano de nacimiento, cartagenero de adopción estaba en su Varsovia querida. La chica que va de acá para allá se quedó impresionada de las luces de la capital. Y yo... Bueno yo con que me saquen de paseo -o del país- soy más feliz que un tonto con un regaliz. Pero cuando tuvimos que esperar cuarenta minutos el autobús, cuando el autobús tardó otros cuarenta minutos en recorrer una avenida debido al atasco de hora punta, cuando el conductor del autobús se equivocó de ruta y tuvo que dar un megarrodeo para volver al sitio correcto y sobre todo, cuando yo empecé a olvidar cosas como: el nombre del hostal, el número de mi tarjeta de crédito para pagar o cuando pintó Leonardo da Vinci 'La Última Cena', los gestos empezaron a torcerse. La chica que va de acá para allá empezó a hablar en italiano mafioso, a gesticular y jurar que era la última vez que iba con nosotros a la vuelta de la esquina. Varsoviano de nacimiento, cartagenero de adopción se metió las manos en los bolsillos, metió la cabeza entre los hombros, puso cara de no haber comido en tres días -todo esto es normal que lo haga, contento, enfadado o triste, ahora viene el particularismo del momento- y dijo que si su opinión no contaba no iba a decir nada más. Así que allí estaba yo. Varsovia, 6 de diciembre de 2010, 19.4oh, -8º con mi novia enfadada, con mi amigo -anfitrión y guía- enfadado, con hambre, con frío y sin puto establecimiento de cambio donde cambiar euros por zloties a un precio mínimamente decente. Todo por acostarme con prisas y pasar por alto el pequeño detalle de apuntar el nombre del hostal. Casi ná.

miércoles, 13 de octubre de 2010

En el jardín de los Finzi-Contini

Capítulo IV: La burocracia italiana

Una vez instalados en Ferrara y con transporte asegurado, tuvimos que resolver distintos problemas de despachos. El más elemental de todos era el ‘codice fiscale (una especie de empadronamiento que el gobierno italiano exige para tener controlado quien vive en sus fronteras. Se pide para firmar cualquier tipo de contrato). que amablemente nuestro casero –su madre mediante- nos resolvió por ser demasiado fatigoso para unos recién llegados a Italia. No obstante este no era el único paso burocrático que nos tocaba dar. La chica que va de acá para allá debe vacunarse mensualmente para poder sobrevivir al estrés de compartir piso conmigo y necesitaba de alguien capacitado de forma oficial. Algo así como un médico o un enfermero, imagino.

Así pues nos fuimos al hospital de Ferrara a ver quien era el guapo que se atrevía pinchar a La chica que va de acá para allá. Cuando entramos en el vestíbulo nos quedamos con la boca abierta:

La Chica Que Va De Acá Para Allá: Madre mía, parece un museo.

Josef: Es que los italianos tienen un terrible necesidad de hacer de cualquier cosa algo monumental. El otro día entré en el baño de la facultad y tenía una bóveda de cañón con casetones y pilastras adosadas. Todo esto rematado con altorrelieves barrocos, claro.

Sin embargo cuando pasamos del vestíbulo la impresión fue distinta. Como que toda esa famosa monumentalidad italiana se borraba:

Josef: Por dios, si parece un búnker de la Segunda Guerra Mundial.

LCQVDAPA: O de la primera…

Fuimos a la oficina de servicio al público que nos mandó al jefe de enfermeros que nos mandó a la oficina central que nos mandaron a la torre más alta del castillo más oculto de la montaña más lejana. Así es la burocracia italiana. Pretenden prever cada situación posible por lo que te piden hacer mucho papeleo. No quieren que nada quede al azar. Y para todo ello tienen un sinfín de departamentos, comúnmente descoordinados que no se conocen entre ellos y no se aclaran. Unos te dicen: si, este papel vale y otros te dicen que ese papel no te vale ni para limpiarte los mocos.

El caso es que esa bonita mañana de septiembre en la que buscábamos alguien capacitado para ponerle la vacuna a La chica que va de acá para allá comenzaba a parecerse a esa prueba que mis adorados Astérix y Obélix tuvieron que sufrir en sus particulares Doce Pruebas (escena que tanto gusta César Noragueda). Así que para superar nosotros tan difícil prueba tuvimos que hacer como los héroes galos. No dejarnos marear y marear nosotros a los burócratas del imperio romano, en este caso, italiano. Todo fue fruto del famoso furor impulsivo de La chica que va de acá para allá, que ya me imaginaba a mi poniéndole la vacuna sin mucho tino. Harta de buscar formularios imposibles comenzó a perseguir a cada funcionario que se le cruzaba hasta que le daban una solución válida. Y así a golpe de furia y de grito, consiguió un flamante médico de cabecera al que acudir para ponerse la vacuna y cuando estemos malitos.

Veremos si para verle no nos exige el vellocino de oro.

jueves, 23 de diciembre de 2010

En el jardín de los Finzi-Contini

Capitulo VIII: Polonia, la nieve y el frío

Cuando decidimos irnos a Polonia a ver a nuestro amigo Varsoviano de nacimiento, cartegenero de adopción no pensábamos en que se acercaba el invierno y que Polonia no está al sur de Europa. Pero ¿y lo bonita que es la ignorancia? Sin embargo, una semana y media antes de coger el vuelo, Varsoviano de nacimiento y cartagenero de adopción nos dejó, en La Red Social, un mensaje parecido a este:

"Nenes, dos días antes de que vengáis van a caer unas nevadas del copón. Vais a ver Polonia en su esplendor invernal. ¡Enhorabuena!"

La chica que va de acá para allá y yo intentamos animarnos mutuamente pensando que no iba a ser para tanto ¿Qué puede significar un poco de nieve y estar a -2º? Pero dos días antes de coger el vuelo. Cayeron las primeras nevadas y nos llegaron las primeras opiniones de nuestros familiares:

La Madre de La chica que va de acá para allá: "¡Abrígate!"

La hermana de La chica que va de acá para allá: "¿Polonia no es una ciudad en guerra?"

La tía de la Chica que va de acá para allá: "Ay nena, pero si allí la gente se muere por los rincones..."

Mis padres: "¡Deja de gastarte dinero!"


La noche antes de irnos decidí que nos quedábamos en Italia. En nuestro pisito tan mono. Con nuestra temperatura callejera de calurosos 6º. Lejos de nevadas y frío. Porque Varsoviano de nacimiento, cartagenero de adopción nos iba narrando los descensos de temperaturas:

Varsoviano de nacimiento, cartagenero de adopción (VDNCDA): "-16º"

Josef: "Uff..."

VDNCDA: "-18º"

Josef: "glups..."

VDNCDA: "¡Ahora -19º! Pero tranquilos que mejora. La semana que viene estaremos a -10º"

Josef: "¡Que le den a Polonia! ¡Nos quedamos aquí!"

Al final acabamos viajando a Polonia. Donde anochece a las cuatro y media de la tarde. Donde los zloties (eslotis) son tan baratos (cuatro por un euro) y donde las nevadas que salen en las películas del Holocausto y de la Segunda Guerra Mundial son totalmente ciertas. Camino de Breslavia (Wroclaw), ciudad donde se vive Varsoviano de nacimiento, cartagenero de adopción, tardamos seis horas y media en llegar. Dos horas y media más de lo esperado. Sin saber polaco. Sin papa de inglés yo y con el suyo olvidado La chica que va de acá para allá. Quien amenazaba con volverse al día siguiente para Italia. Que ya estaba satisfecha con la nieve que había visto y que no sabía a que c*j*n*s había ido ella a ese país europeo donde ni siquiera tenían euros. Afortunadamente, cuando vio lo calentito que se estaba en las casas y pudo hacer un par de fotos a la ciudad se calmó. Decidió quedarse toda la semana y darle una oportunidad al país.

Aunque no sería la última vez que nos amenazara con abandonar la expedición.

jueves, 28 de octubre de 2010

En el jardín de los Finzi-Contini

CAPÍTULO V: Los bancos

En Italia hay bancos y cajas de ahorros. Esto no es muy diferente a España, la verdad. Y también tienen la culpa de la crisis. Esto, pese a las particularidades italianas, también es igual que en todo el mundo. La primera vez que fuimos a un banco en Italia fue para ingresar el alquiler al propietario de nuestro piso (que es más joven y friki que yo). El cajero era un hombre de unos cincuenta años. Se estarán imaginando ustedes, queridos lectores, a un hombre tal que así. Nada más lejos de la realidad. Era un tipo con el pelo canoso a lo afro y la piel más morena que la de Beyoncè. Un pendiente de brillantito; collar, pulsera, anillos y reloj de oro. Camisa desabrochada y gustaba de terminar sus frases diciéndole ‘bella’ a La chica que va de acá de para allá. Vamos, que el tipo parecía un compañero de correrías de este otro. La chica que va de acá para allá decidió que la próxima vez buscaríamos otro banco donde pagar el alquiler. No sé porqué, la verdad.

Así que nos informamos y por fin encontramos una entidad donde podíamos abrir una cuenta en la que nuestros padres nos depositaran el dinero sin sufrir esos sablazos bancarios llamados comúnmente comisiones. Pero claro, estaba el inconveniente de que teníamos que firmar como un montón de papeles. Afortunadamente La chica que va de acá para allá se ofreció para ser ella quien diera sus datos y estar fichada por si la policia la requería

La chica que va de acá para allá (LCQVDAPA): ¡Y una mierda!

Ejem,… sigo. El otro inconveniente de abrirnos la cuenta en esa entidad era que la mujer que nos atendió tenia más bigote que Schuster (y por esta vez, no estoy exagerando). La chica que va de acá para allá y yo nos quedamos anonadados:

Mujer Del Banco Con Bigote (MDBCB): Firme aquí*.

LCQVDAPA: Joder, vaya mostacho.

MDBCB: Ahora firme aquí*.

Josef: Es imposible que nadie le haya dicho nada todavía. Debe tenerlo hace años.

MDBCB: Firme aquí también:*

LCQVDAPA: No puedo dejar de mirarlo. Es hipnótico.

MDBCB: Por último, firme aquí*.

Josef: Me recuerda a mi padre de joven, cuando tenía pelo y bigote.

(*)En italiano en el original.

lunes, 24 de mayo de 2010

Último capítulo de 'Lost'. Así vivimos la previa.

............Lo sé. Me tocaba publicar ayer. Pero, tranquilos; no se me fue la olla como le ha pasado a Rosawn varias veces. Me he demorado porque quería escribir sobre el final de Lost.
............¡Eh! ¡Guardad esas 9 mm parabellum! ¡No voy a contar el final! Sólo quiero contar cómo vivimos las horas previas al último capítulo César Noragueda y yo.
............Al principio íbamos a verlo en Murcia. Nos reuniríamos en el piso de la Chica Que Va De Acá Para Allá a verlo con ella, la Zurda Que No Sabía Usar Tijeras, un amigo y una amiga de la Zurda Que No Sabía Usar Tijeras. Pero resulta que la Chica Que Va De Acá Para Allá tenía hoy a las nueve de la mañana un examen algo complicado como para que a las seis la despertáramos con nuestros "¡ooooh!" y aplausos varios. Tuve una "visión typical Lost" en el que la Chica Que Va De Acá Para Allá nos mataba a todos con un hacha por no dejarla dormir. Así que, con todo el dolor de mi corazón, decidí no verlo en su piso. Quedamos con su compañera en hacernos llamadas perdidas cada vez que alguien palmara. Tranquilos. No diré cuantas llamadas perdidas nos hemos hecho. Como en mi piso de Murcia cambiamos Cuatro por la MTV, quedaba descartado ver el último capítulo allí. No quedaba más remedio que verlo en casa de mis padres.
............Para hacer tiempo nos alquilamos una película en el maravilloso y variado videoclub de mi calle, donde se pueden encontrar magníficas películas como Beethoven 8. La rebelión de los cachorros o Anaconda 6. Perdida en Nueva York. Finalmente, nos alquilamos Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres, y sacamos conclusiones tan interesantes como las siguientes:

............"Tiene unas tetas muy feas".
............"Pone la misma cara cuando está follando, cuando está en la cárcel o cuando le están torturando".
............"Los suecos hacen películas que parecen telefilms".

............Cuando la película acabó, aún quedaban cinco horas para el último capítulo de Lost, así que decidimos dormir un poco no fuese a ser que nos durmiéramos a mitad de capítulo después de haber esperado varios años y nos cagaramos en la madre que parió a J. J. Abrams. Para colmo, en la maravillosa tele que el banco ese que patrocina la liga le regaló a mi padre, no conseguía sintonizar bien Cuatro. Ya me estaba viendo cogiendo el coche a toda pastilla a las seis de la mañana para ir a casa de César a ver el capítulo. Afortunadamente, a las seis todo estaba correcto.
............Cuando iba a empezar, la Chica Que Va De Acá Para Allá me mandó un mensaje para decirme que la había despertado el olor a churros y que, total, no estaba durmiendo nada y que iba a ver el capítulo. Cariño, perdóname cuando te diga "¡cabrona!" ¬¬.
............Luego, al final del capítulo, me llamó para decirme lo que me suele decir cuando termina un capítulo de Lost: "No he entendido nadaaaaa". A la Zurda Que No Sabía Usar Tijeras la oía gritar de fondo: "¡Vaya mierdaaa!".
............Y eso es todo. Me muero del sueño. Me voy a dormir un rato.

............PD: César y yo sí hemos entendido el final de la serie. Si alguien no lo ha entendido, escribidnos a nuestros correos. Por unos insignificantes cinco euros os lo explicaremos con todo lujo de detalles.
............PD2: Los comentaristas de Cuatro son tontos del culo. No se han enterado de nada y han demostrado saber muy poco.

martes, 16 de noviembre de 2010

En el jardín de los Finzi-Contini

Capítulo VI: Transporte público

En Italia, como país de la Unión Europea que se precie tienen un servicio de transporte público. Además, como país de la Unión Europea que se precie esté servicio no está hecho a prueba de españoles.
Tú te subes a un autobús en España y el conductor se caga en la madre que te parió si no le pagas y te echa a patadas. Bueno, mejor dicho. Tú te subes a un autobús en España y el conductor te manda a tomar por detrás si no le pagas con un billete de cinco o monedas. Que cojones. Tú te subes a un autobús en España y el conductor reza para sí mismo algo así:

“mecagoentusmuelascodegenteysemforoslaculpaesdezapaterocagontó”.

Y luego te fulmina con su mirada cuando le pagas, aunque sea con la cantidad exacta y en distintas monedas para aumentar su bolsa de cambio. ¡Jo, como lo añoro!
En Italia, decía, no están acostumbrados a los españoles, que provenimos de un país donde la picaresca es aplaudida y celebrada con jolgorio (la culpa es de los Austrias) y nos aprovechamos en masa de esta circunstancia. Así que el conductor del autobús de turno se encarga únicamente de conducir. Increíble, pero cierto. Tú entras en el autobús y te sientas donde te venga en gana y el tío a lo suyo. Ni se inmuta. Ni insulta a otros conductores ni se caga en Berlusconi, y en Zapatero menos. Luego nos enteramos que de vez en cuando pasa un revisor como en el tren y te pide el billete, que en caso de no llevar te pone una buena multa. “Pero casi nunca pasa” decían unos. “Y con bajarse cuando sube basta” decían otros. “Entonces perfecto” dijimos nosotros.

Y una mierda perfecto…

Una linda mañana de lunes en la que no teníamos clase, el sol brillaba y los pájaros cantaban, por lo que decidimos ir a dar un bonito paseo al centro comercial en autobús. Ese maravilloso autobús en el que no teníamos que pagar porque el conductor iba a la suya y el revisor destacaba por su ausencia. Pero se ve que ese día no tenía ganas de quedarse en la cama y decidió ir a trabajar. La chica que va de acá para allá y yo nos pasamos el viaje embobados en el paisaje, comentando que cosas haríamos de comer durante la semana, cuando de repente todo el mundo se bajó del autobús.

¡Caspita, se han bajado todos! -Exclamé yo.
Les habrá dado un apretón comunal –Intervino La chica que va de acá para allá.
Billetes, por favor* –dijo una tercera voz desconocida.

Nos quedamos blancos que diría cierta comentarista habitual de este blog. La chica que va de acá para allá empezó a balbucear excusas en un idioma que parecía un híbrido de italiano y congolés. Yo me empecé a asustar porque no sabía que La chica que va de acá para sabía congolés. El revisor nos miraba con cara de indecisión. No sabía si ponernos una multa por infrigir las normas o si ponernos dos por ser además idiotas y no habernos bajado del autobús como todo el mundo. Y en ese momento. No sé porqué. Hubo una cosa que eché en falta más que nada desde que estoy aquí en Italia:
Un conductor que se cague en todo y en todos.

(*)En italiano en el original.

viernes, 10 de diciembre de 2010

En el jardín de los Finzi-Contini

CAPITULO VII: Vecinos Quejicas

Cuando nos encontrábamos en España La chica que va de acá para allá solía quejarse del ruido ambiental que con frecuencia atormentaba su estudio. Unas veces eran sus compañeras de piso: la que tenía puesto el hardcore a todas horas, la que se traía a todos sus colegas poligoneros para que no tuvieran que esnifar cocaína en la calle (animalicos, seguro que en la calle el subidón no era tan gordo por aquello del frío y tal), la que de vez en cuando se tomaba todas las pastillas que el psiquiatra le había mandado para llamar la atención y de paso a Urgencias a las cuatro de la mañana, o la que la llamaba su novio todas las mañanas para despertarla a eso de las ocho y cuarto con una estridente canción (esta ha sido de las mejores, la verdad). Otras veces eran los vecinos: las chinas del piso de arriba que andaban con tacones a las tres de la mañana en lo que sospechábamos era un burdel, la pareja folladora (mítica y añorada, era como tener un canal gratis de porno casero) o las innumerables obras y reformas a las que era sometida semana si, semana también la calle del piso de La chica que va de acá para allá, que ante este trajín continuo hizo acopio de un lema que para colmo y paradoja no nos hacía saber a susurros:

¡ESTOY HASTA LAS NARICES DE TANTO RUIDO!

Y entonces aprendió que hay más lágrimas derramadas por las plegarias atendidas que por las no atendidas. Su deseo se hizo realidad. Hasta tal punto que le da ‘cosica’ quedarse sola en nuestro maravilloso loft italiano de 55 metros cuadrados porque no se oye ni un alma.

Supongo que será cosa de vivir en el norte de Italia y que en el sur, más mediterráneos, resuelven los problemas como hay que resolverse: a gritos, pero nuestros vecinos han desarrollado un maravilloso sistema de discusión que no afecta al oido: mediante notitas en el panel comunitario del rellano principal. ¡Toma ya!

Os pongo un ejemplo:

El vecino del 2ºA está harto de que el vecino del 3ºB deje el coche en la entrada impidiendo el paso para salir con la bicicleta. Pues deja una notita.

A su vez, el vecino del 1ºC está harto de que alguien ‘que todos sabemos quien es ‘ deje huellas en el suelo por no limpiarse los pies en la alfombra los días de lluvia. Pues deja una notita.

Mientras tanto el vecino del 3ºB, el del coche, contesta al vecino del 2ºA, en su notita, por rayarle el coche y se empieza a cagar en la familia política del vecino del 1ºB por no cerrar la portería interna, pudiendo así entrar cualquiera al edificio.

El vecino del 1ºB arremete contra el vecino del 2ºB por poner la lavadora y el lavavajillas después de las 8 de la noche (esto es el norte de Italia, acordaros) y contra la vecina del 3ºA por salir con tacones antes de las 7.30 de la mañana y volver a casa con los tacones después de las 10 de la noche.

Al final las notitas están llenas de insultos en italiano y comentarios sarcásticos acerca de la inteligencia de unos y de otros. Los coches siguen aparcándose impidiendo el paso, la portería interna sigue quedándose abierta, los lavavajillas funcionan después de las ocho y los tacones se oyen antes de las siete y media de la mañana. O eso dicen. Porque estos italianos se quejan de nada y no saben lo que es vivir en un vecindario ruidoso. Porque yo me he leído sin ningún problema La Conjura De Los Necios cada noche y no he oído nada de eso que dicen que tanto les molesta.

sábado, 2 de octubre de 2010

En el jardín de los Finzi-Contini

Capítulo III: Las bicicletas no solo son para el verano

Cuando llegas a Ferrara desde el sureste de España te das cuenta de dos cosas: que la naturaleza puede ser verde y que hay más bicicletas que coches. No en vano, cuando se llega a esta ciudad por carretera hay un cartel que dice: Ferrara, ciudad de las bicicletas. La chica que va de acá para allá y yo nos pasamos los primeros días comprando cosas necesarias para comer y para hacer nuestra vida medianamente cómoda, como por ejemplo la nutella (imprescindible en Italia). Mientras tanto la colonia de estudiantes españoles Erasmus en Ferrara iba entendiendo también dos cosas: la primera, que aquí se necesita una bicicleta para moverse. Y la segunda, que nadie compra una bicicleta. Ejem, nadie compra una bicicleta de tercera mano, claro. Lo curioso es que el mercado de las bicicletas de segunda mano y de ocasión tampoco tiene mucho éxito. Parece ser que la gente prefiere que su bicicleta tenga un poco más de rodaje y las compra de tercera o cuarta mano.

‘Comprar’ una bicicleta de tercera o cuarta mano es algo así como una gymkhana porque la tienda no tiene un local fijo. Al contrario, se encuentra esparcida por toda la ciudad, y únicamente abre por las noches. Eso sí, toda la noche. Además su sistema de venta es al más puro estilo IKEA: tú te la buscas, tú te la montas. Lo mejor de todo es que las bicicletas solo te cuestan lo que te cueste la reparación. Lo cual deriva en que todas las tiendas de bicicletas nuevas te venden además repuestos para las viejas y tienen un taller de reparación porque el negocio está ahí: en reponer y reparar, porque nadie compra bicicletas en Ferrara.

Así que visto este panorama, a La chica que va de acá para allá y a mi nos iba entrando una creciente ansiedad por ‘comprar’ nuestras bicicletas de tercera mano. La cuarta noche cuando casi toda la colonia española se había hecho con la suya no aguantamos más y nos fuimos a por la nuestra. ¿A que son bonitas?

PD: Acabo de pensar que a este paso dejaré de ser un ex-presidiario.

martes, 14 de septiembre de 2010

En el jardín de los Finzi-Contini

........... Capitulo I: Los preparativos

Para quienes todavía no conozcáis a La chica que va de acá para allá debéis saber que tiene una facilidad innata para... ¿cómo lo diría? Hum, veamos... ¿motivar en el prójimo un sentimiento de urgencia como si se estuviera quemando la entrepierna? Sí. Creo que es una valoración correcta. Así pues a falta de tres días y medio para irnos a Ferrara de Beca Erasmus tuvimos la siguiente conversación telefónica:

La chica que va de acá para allá (LCQVDAPA): ¿Te has hecho las maletas?

Josef: Ehm...no

LCQVDAPA: ¿Y a que esperas?

Josef: ¿A que falten menos de 36 horas? ¡Todavía tengo tiempo!

LCQVDAPA: Al final se te olvidará algo. Como siempre.

Josef: ¿Cómo que "como siempre"? ¿Qué significa ese "como siempre"?

LCQVDAPA: Significa que siempre dejas para última hora hacer las maletas y se te olvidan cosas esenciales.

Josef: ¡Eso no es cierto!

LCQVDAPA: Las cinco primeras veces que te quedaste a dormir en casa de mis padres te olvidaste el pijama y tuve que dejarte uno de mi padre. Menos esa ocasión en la que te empeñaste en ponerte uno mío.

Josef: Es que el rosa siempre me ha sentado bien.

LCQVDAPA: Bueno pues procura que no se te olvide el pijama. No estoy muy segura de querer fomentar esa afición tuya por mis pijamas rosas. Acuérdate también de comprar jamón serrano para llevárnoslo.

Josef: ¿Jamón? ¿Serrano? ¿Vamos a sobornar al casero para que nos baje el precio del alquiler?

LCQVDAPA: Es una opción. Pero es porque allí no tienen jamón bueno y no me pienso pasar un año sin comer jamón. Evidentemente. Si no quieres llevarte luego no me pidas del mío.
Josef: Hacemos una cosa. Tú te llevas el jamón y yo me llevo el tupper con lentejas de mi madre.

lunes, 4 de enero de 2010

La Batalla de las Alubias

............Ya estamos en 2010. ¡Feliz año a todos!
............Ahora, al tema.

............Podría hablar de muchas cosas que me han pasado los últimos días: un orondo niño pidiendo varias cucharas para comerse un helado; La Chica Que Va De Acá Para Allá y su emergente vis cómica, incluso podría hablar de lo díficil que es comprar regalos en mi ciudad sin encontrarme a viejos conocidos de mi oscuro pasado. Pero no. Hoy voy a hablar de lo que más os gusta: cacaculopedopís.
............El año 2007 llegaba a su fin y un grupo de amigos —entre ellos, César Noragueda—, aprovechamos el puente de diciembre para ir a un congreso de escritores en Oviedo. Por el camino recogimos a Huevosfrikis y Lo Que Usía Mande, que viven en Madrid. A mí me tocó compartir habitación con ellos dos, y mi cama estaba entre ellos dos, que son muy amigos pero que a la mínima se ponen a discutir. Después de la primera noche Huevosfrikis se enfadó con Lo Que Usía Mande por que éste se pasó la noche roncando y no le había dejado dormir. Lo Que Usía Mande alegó a la cantidad de cafeína ingerida por Huevosfrikis durante la cena como causa de su insomnio. Así fueron pasando los días y la última noche del congreso de escritores se organizó una cena con manjares típicos asturianos. Había fabada por un tubo, servida en pequeñas tarrinas de cerámica. Famoso por sus flatulencias en lugares claustrofóbicos, Huevosfrikis decidió vengarse de la primera noche a base de olorosos pedos durante la noche. Yo no era más que un daño colateral en esa ofensiva gaseosa. Lo Que Usía Mande advirtió el rearme de Huevosfrikis. Es decir, le vio ingerir fabada como si su intención fuera reventar al grito de: "Te vas a enterar esta noche. El gas mostaza de de la Primera Guerra Mundial va a ser un simple ambientador comparado con esto". Así que decidió comer tanta fabada como le fuera posible. Lo Que Usía Mande se sentó en una mesa vacía con todas las tarrinas de fabada que pudo encontrar. Estaba decidido a lanzar su contraofensiva con sus mejores y más pesadas flatulencias. De repente me sentí como si fuera el río Somme en 1916. Cuando Lo Que Usía Mande advirtió que le estaba observando, me dijo sin dejar de masticar: "Jebjerías jomer ju jambjiem pjoque estjo vja a ser mortjal" (traduzco: "Deberías comer tu también porque esto va ser mortal"). Mi mente empezó a vagar y me imaginé debajo de la cama con la nariz tapada. Una neblina amarillenta impregnaba el ambiente y Huevosfrikis y Lo Que Usía Mande tronaban la habitación con sus esfínteres, al tiempo que soltaban gritos de guerra: "¡Al ataque, mis olientes!", "¡No hay piedad para los inodoros!"
............Sobre lo que pasó en realidad esa noche en aquella habitación sólo diré que he tenido que ir a terapia varias veces desde entonces. Mis amigos creen que es por algunos temas amorosos de los que no conseguí recuperarme. Mentira.
............Mentira podrida y cochina.

sábado, 25 de septiembre de 2010

En el jardín de los Finzi-Contini

Capítulo II: el viaje

Y por fin llegó el gran día. El 17 por la mañana. Muy por la mañana. Tan de mañana que para mi que aún estábamos en el día anterior. Nos levantamos con tiempo suficiente, pero como no podía ser de otra forma nos fuimos con el tiempo pegándonos patadas en el culo. Así que llegamos al aeropuerto cuando faltaba menos de una hora para que abrieran la puerta de embarque. Y La chica que va de acá para allá dijo:

LCQVDAPA:¡Cómo no lleguemos a tiempo y no podamos irnos a Ferrara me llevas a caballito, a nado y a coscoletas!

Pero esta chica es una exagerada. Llegamos a tiempo al mostrador de facturación. A tiempo de que nos metieran un sablazo ‘made in compañía low cost que parecen baratos pero en realidad no’:

Señorita del mostrador: ¡Uy…! vuestras maletas pesan más de lo permitido. Para ser precisos el sobrepeso es equivalente a dos colibrís apareándose.

LCQVDAPA: ¿Y eso es malo?

Señorita del mostrador: ¡No! ¡Para nada! ¡Qué va! Solo son cuarenta euros (para nosotros).

LCQVDAPA: ¡Ahh! ¡Vaya! ¡Qué maravilla! Sohijaputa…

Así que después de llegar con el tiempo un pelín justo. Después de llegar con el tiempo un pelín más justo porque la ‘Compañía low cost que parecen baratos pero en realidad no’ nos dijeron que teníamos un sobrepeso equivalente a dos colibríes apareándose y por tanto nos reclamaron cuarenta ‘napos’(así, por la cara, porque les apetecía darse el gustazo), llegamos a la puerta de embarque. Deseosos de pisar ese avión que nos llevaría a la tan ansiada y esperada Ferrara. Ciudad soñada por ambos durante meses. Rica en jardines y fuentes. De gentes afables y amables…

¡JA! ¡Y UNA MIERDA!

En la puerta de embarque se encontraba una especie de personaje con barriga de similar a una esfera terráquea y cara de cerdito dispuesto a succionarnos hasta el último euro de nuestras vidas a costa de reglas sacadas de la manga cual prestidigitador o ilusionista. Y para colmo no hablaba español salvo las palabras que quería que se le entendieran bien:

Hombre Con Cara De Cerdito (HCCDC): This maleta can´t go in the plane. You facturar. Diez euros.

LCQVDAPA: ¿Por qué? ¿Qué pasa?

HCCDC: Mucho peso. You facturar. Diez euros

LCQVDAPA: ¿Mucho peso? ¡Le quito los libros, espera! ¿Quién quiere libros? Snif…

HCCDC: Hmmm… You boyfriend too facturar.

Josef: ¿Quién? ¿Yo? No te entiendo, como no me hables en español…

HCCDC: French?

Josef: Español…

HCCDC: German?

Josef: ¡Español!

HCCDC: Norwish?

Josef: ¡ESPAÑOL, COJONES!

HCCDC: ¡Eh, eh, tranquilo o te vas fuera!

Josef: gnrsbhsffforrwwputahhffgdmamonkkk…

HCCDC: Diez euros más.

Al final embarcamos con todas nuestras cosas y sin tener que soltarles un duro más (les parecía poco lo que habíamos pagado cada uno por barba)gracias a que otros pasajeros muy solidarios nos hicieron hueco en sus mochilas de mano, que pesaban poquito. El tío imbécil de la puerta de embarque aún quería impedir que hiciéramos esto porque en el manual del buen saqueador no aparecía. Llegamos a Ferrara y a nuestro piso que es tal cual lo imaginábamos: pequeño, mono (¿he dicho mono?) y acogedor (y ahora he dicho acogedor; madre mia…).

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Consejos para la vida moderna (IV)

¿Hola? ¿Hay alguien por ahí? ¡Joder, que celda más sucia! ¿Cuanto hace que nadie pasa por aquí?


Bueno, al lio. Si La chica que va de acá para allá te invita con ella a pasar un año hablando italiano, con italianos de verdad, en la auténtica Italia de la mafia, la corrupción, Berlusconi y Gucci, dices que sí corriendo y haces las maletas. Aunque falten meses. Ahora ya solo faltan días. Desde el 17 de septiembre retransmitiré desde Ferrara todo lo que no pase. Voy a vivir con La chica que va de acá para allá. Ningún personaje dio tanto material desde la Señorita S.

lunes, 22 de marzo de 2010

Chinese Democracy

............Anoche fue la tercera vez que pille al chino, de la tienda de chinos que hay en la calle de La Chica Que Va De Acá Para Allá, hurgándose la nariz con el dedo.
............Alguien debería decirle que por ahí no se vuelve a China.

¿Entre los más buscados?

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