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martes, 16 de febrero de 2010

Disculpen las molestias (II)

............Rosawn no podrá subir hoy su entrada semanal debido, básicamente, a que es maníaco-depresiva. Lo tiene todo, es una joya de mujer. No sé cómo no tiene un club de 'fans' en Facebook. De todas formas, como no le gusta desaparecer sin dar explicaciones (aquí puede que esté siendo un poco cínica), ha pedido que la disculpe en su nombre y os cuente qué ha pasado para que no pueda cumplir con sus obligaciones una vez más. Prefiero reconstruir la conversación que hemos tenido hace escasos minutos; creo que es bastante clarificadora por sí misma.

............Conciencia: Rosawn, ¿debo recordarte que hoy te toca subir tu mierda al blog?
............Rosawn: ¿Qué? ¿Qué blog? ¿Qué mierda?
............C: Deberías haberlo escrito ya.
............R: Ah, la entrada. Sí... Pero es que últimamente no tengo muchas ganas de hacer risas.
............C: Bueno, no te preocupes por eso. Nunca haces risas.
............R: Ya me entiendes, hija de puta. Me refiero a que no me apetece intentar escribir algo gracioso.
............C: Eso no importa. Lo que a ti te apetezca no importa: tienes un hueco que rellenar.
............R: That's what I said.
............C: Sabes que, aparte de Michael Scott, cualquier otra persona que diga esa frase nos parece patética.
............R: Lo sé. Perdón... LOL.
............C: ...
............R: Era broma, mujer.
............C: Bueno, al grano, que tenemos faena. A ver, te ayudaré a componer algo medianamente presentable. ¿Te ha pasado algo gracioso últimamente?
............R: Pues, ahora que lo pienso..., sí. Hace unos días me tiré un pedete estando sentada y la presión del asiento contra el orificio de salida hizo que el gas desviara su trayectoria, se me colara por entre las ingles y me diera gustito en el chirri.
............C: Eh... Sí, eso sin duda es divertido, pero yo tenía en mente algo distinto. Algo más parecido a una anécdota de sobremesa británica, contada con elegancia, que haga que tus compañeros se tengan que aguantar el monóculo para que no les caiga al suelo mientras ríen: "Ho, ho, ho".
............R: Ya, si a mí me gustaría. Pero no tengo tanta clase. ¡Ya sé! El otro día tuve un corte de digestión nocturno, me sentía fatal, así que fui al baño varias veces por si conseguía vomitar. Al final lo conseguí, pero... ¡justo en medio del pasillo en uno de los viajes al baño! ¡Ja, ja, ja! ¡Soy la pera!
............C: No eres la pera, eres asquerosa.
............R: Sí, ya me lo han dicho alguna vez.
............C: ¡Por el amor de Dios Todoputrefacto! ¿Es que no te ha pasado nada? A todo el mundo le pasan cosas, que aunque no sean graciosas por sí mismas, se las puede moldear de forma que...
............R: Vale, cállate. Ya sé. Hoy mi abuelo me ha dicho que me comprara unas plantillas de plástico para parecer más alta que mi hermana, porque, por si no lo sabía, mi hermana es más alta que yo.
............C: Bien, vamos bien. ¿Qué le has contestado?
............R: Que también es más guapa que yo y no por eso me compro otra cara.
............C: Y... ¿qué te ha dicho...?
............R: Nada. Se ha ido a fumar.
............C: Vaya... Bueno... No sé. Al menos es sincero.
............R: Ojalá supiera cómo autoinducirme un coma para poder dejar de oírte.
............C: Bueno, dejémoslo por esta semana. Yo te disculparé por no poder entregar nada hoy.
............R: Gracias. No olvides decirles a todos que puede que sea más bajita y fea que mi hermana, pero que al menos yo no me paso el día dando por culo al vecindario, porque no sé tocar el piano, porque nunca tuve... talento... musical... Oh, ¡mierdaaa!
............C: Ea, ea, venga, ya pasó. No llores. Puede que seas peor que tu hermana en todos los sentidos, pero recuerda que siempre me tendrás a mí.
............R: Oh..., ¡¡¡mieeerdaaa!!!

............Basado en hechos más reales de lo que me gustaría.

sábado, 6 de febrero de 2010

Verdades como puños

............Ayer por la tarde acompañé a mi abuelo a hacer la compra semanal al supermercado. No lo hago por ser buena nieta, ni porque me guste ir a comprar. Lo hago porque me lo paso chachi llevando el carro cargado de vuelta a casa; se trata de un carro que, una vez lleno hasta los topes, adquiere consciencia y se convierte en una satánica máquina de atropellar viandantes. Es una delicia, funciona a las mil maravillas. Deben de haberlo fabricado en la zona del infierno reservada a los alemanes, probablemente.
............Cuando la cajera acabó de pasar nuestra compra, mientras yo la amontonaba dentro de la Bestia y salivaba fantaseando con el excitante viaje de vuelta a casa, le dio a mi abuelo un montoncito de cupones de descuento para próximas compras. Y mi señor abuelo, como caballero galante que es, lo agradeció a la chica:
............—Más vale esto que una patada en los huevos.
............Pues eso mismo he pensado yo al acabar de escribir esta entrada. Así que disfrutadla, que podría ser mucho peor.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Mis veranos salvajes (I)

............Siempre recordaré los veranos de mi infancia con especial cariño. Durante los inviernos, yo era una especie de señorito redicho y cargante que vestía mocasines y se peinaba con raya. Siempre asistía puntual al colegio, donde no jugaba al fútbol —qué cosa de bárbaros— ni me arrastraba por la tierra. Es decir, era una personita que daba bastante grima.
............Sin embargo, en verano, me cortaban el pelo tanto que no había posibilidad de raya y cambiaba mis mocasines burdeos por unas Victoria con agujeros. Esta transformación tenía lugar en el chalet de mis abuelos, junto a la playa de San Juan (Alicante), cuanto todavía existían descampados en lugar de edificios de dudoso gusto y aún más dudosa legalidad.
............El chalet se edificó en una pequeña colonia que combina casas con edificios bajos. Me parece mentira haber vivido una época en que las puertas de las casas estaban abiertas y las calles eran de tierra, sin farolas, y algunas con acequias bordeándolas. En ese encantador oasis tercermundista y, más concretamente, en los enormes descampados, tenía lugar mi glorioso proceso de asalvajamiento.
............Éramos pocos y nos conocíamos todos. Los odios, las filias y las rivalidades se acrecentaban hasta extremos peligrosos. Yo siempre tenía la mejor bicicleta, que para eso mi abuelo regentaba una tienda de bicis —si es que eso se puede regentar—. Y además solía cambiarla todos los años, porque, durante el invierno, aquel sitio donde siempre era jornada de puertas abiertas se convertía en el autoservicio de los gitanos de un poblado cercano. Supongo que las puertas cerradas son más tentadoras y mi bici un caramelo, una vez forzadas.
............Así que andábamos haciendo el animal por los descampados. Yo, sin camiseta, con mi BH California. Otros se atrevían a dar saltos, yo temía mi torpeza. Hasta un día. Ese día, una chica preciosa había ido al pequeño circuito de trial y yo había quedado con una especie de extraño chulo atérmico que llevaba cazadora en agosto a las cuatro de la tarde. El chulo atérmico sí saltaba y yo no quería ser menos —todas las hostias de mi vida han sido por impresionar a mujeres—. Tomé carrerilla con mi preciosa bicicleta azul y blanca y salté por el montículo a casi dos metros del suelo. Por desgracia, no se me ocurrió que tal vez fuera conveniente ponerme de pie sobre los pedales para amortiguar el aterrizaje.
............En efecto, aterricé sentado en una bici sin amortiguación desde casi dos metros de altura. A mis ocho años, los huevos debieron alcanzarme la campañilla, aunque no la oí sonar como en esas atracciones de feria. Aquí no hubo martillo, ni pesa, ni lucecitas, ni ding-dong ni, desde luego, premio. Sólo hubo un doloroso y silencioso sillín de plástico partiendo mi virilidad por la mitad, cortándome la respiración y haciéndome saltar las lágrimas.
............El caso es que, desde fuera, el salto pareció impecable. Y además sin ponerme de pie, con esa chulería de la que sólo pueden hacer gala los eunucos campeones de trial —que son numerosísimos—. Incapaz de dar un pedaleo, llegué por inercia ante la chica en cuestión, que me aguardaba junto al chulo atérmico. Ella me dijo: “Ha sido increíble”, y él me miró con cierta rabia. Yo asentí con indiferencia, miré el reloj mientras el llanto me golpeaba la garganta y acerté a decir sin darme importancia: “Son las cinco. He quedado, os veo luego”.
............Salí corriendo y, nada más darles la espalda, brotó el torrente de lágrimas contenidas como una inmensa pantanada. Y sentí el dolor agudo y punzante que aún atenazaba mi cuerpo y me impedía pedalear con fuerza. Cualquier espectador desinformado hubiera considerado que, tras el elegante vuelo, me marchaba indiferente a velocidad moderada, disfrutando del paisaje y de la brisa de Levante. Pero en aquel momento aprendí algo que se ha cumplido el resto de mi vida: aunque parezca que todo ha salido perfecto, las mujeres siempre me causarán llanto y dolor de huevos.
............Y aun así, volvería a saltar una y mil veces.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Hoy, que es jueves

............Hace unos días, Josef publicó una entrada que me emocionó y relajó los esfínteres, no ya sólo porque hablara —¡en verso!— de una de las mejores cosas que existen en esta vida, la caca, sino también porque me hizo recordar que por mis venas corre la sangre de una grandiosa estirpe de poetas, cuyo origen (y decadencia) se remonta nada menos que a mi abuelo materno un jueves por la mañana de hará unos diez años.
............Aquella dichosa mañana, mi abuelo se levantó de la cama como siempre (es decir, brusco y cascarrabias), se enfundó en su batín marrón caca y salió a la cocina. Allí en medio se quedó plantado y contempló en silencio una escena que probablemente le emocionó: mi tío Pepe, como cada mañana desde hacía muchos años, inyectaba insulina a mi abuela antes de prepararle el desayuno. Debió de sentir un nudo en el estómago mientras les veía: a él, a "su pequeño", encanecido ya por el paso de los años, inyectando con amoroso cuidado la cantidad justa de insulina que mantenía a su mujer con vida; a ella, una señora en otros tiempos tan hermosa y llena de energía, con la que tanto había compartido, ahora resignada a vivir en la oscuridad más absoluta desde que años atrás quedara ciega a raíz de su enfermedad. Una escena, como decía, tan tierna y a la vez tan dramática, que seguramente despertó algo en su interior, una sensibilidad hasta ahora desconocida. De repente pareció reaccionar, inspiró, les miró fijamente, y con toda la solemnidad que pudo, les dijo:
............—Hui, que és dijous,
............Pepe i tu me toqueu els ous.
............("Hoy, que es jueves,
............Pepe y tú me tocáis los huevos").
............Sin añadir nada más, se largó a fumarse su cigarrito mañanero diario. Lo que pasó después ya forma parte de la leyenda de este gran trovador. Las fuentes más fiables aseguran que mi abuela le correspondió con un agradecido "¡Qué tío más burro...! ¡¡Ni se te ocurra ponerte a fumar!!", y mi abuelo continuó con su gracejo habitual: "Ya empieza de buena mañana la generala... ¡A sus órdenes!". Ocurriera lo que ocurriera en realidad, poco importa. Lo realmente importante es que siempre nos quedarán sus emotivas y sabias palabras, que cada jueves nada más levantarme recuerdo con cariño, y que hoy os dedico especialmente a todos vosotros:
............Hui, que és dijous,
............tots vosaltres me toqueu els ous.

¿Entre los más buscados?

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