domingo, 31 de enero de 2010

El padre de la novia

............Todos nos hemos visto en la tesitura de conocer a nuestros suegros. Sin embargo, no podemos obviar que existen múltiples y variadas maneras de pasar el mal trago. A medida que uno es mayor, la tensión tiende a aumentar, ya que, en lugar de la fugaz amenaza paterna, nos vemos inmersos en una comida familiar. De acuerdo, es traumático, incómodo y suele salir fatal, pero hay encuentros fortuitos que superan con creces cualquier expectativa derrotista.
............A mí me gustaría dejar constancia de uno en particular: el momento en que el novio de mi hermana conoció a mi padre. Para ello debo explicar algunos detalles de índole urbanística acerca de mi domicilio alicantino: la casa de mis padres se sitúa en la parte inferior de una cuesta de pendiente bastante incómoda y consta de un escalón en el portal muy propicio para ser usado como asiento eventual.
............Pues bien, mi hermana y su desconocido novio se encontraban acaramelados sobre el mencionado escalón, cuando una figura se recortó sobre el cielo naranja del ocaso, al final de la cuesta. Aquel día, mi padre había ido a recoger una escopeta de caza que había llevado a arreglar. Él ya no caza —y menos, personas— y, de todas formas, su miopía le impedía ver a mi hermana y a su consorte. Pero no puedo evitar rememorar la visión desde los ojos del pobre enamorado.
............Aquel hombre alto, con su melena canosa al viento y una escopeta sobre el hombro, se acercaba en mitad de la ciudad, como salido de otra dimensión. Los ojos del enamorado, ignorantes de la realidad y asombrados por la escena, se abrieron con terror al escuchar la voz despreocupada de mi hermana: “Anda, ahí viene mi padre”.
............Sólo acertó a decir: “Creo que tengo que irme”. Sus piernas fueron más rápidas que su valor.

viernes, 29 de enero de 2010

Ejemplo de la pérdida de valores en la sociedad occidental

............César: ¿Te has enterado de que una mujer ha degollado a su novio desde el asiento de atrás, aquí, en Elche, mientras él conducía el coche de ambos? A ella la han detenido y él está grave en el hospital.
............Rosawn: ¿En serio? Qué triste.
............C: Menuda insensata, la mujer. ¿A quién se le ocurre molestar al que va conduciendo? Si es que no tenemos la cabeza sobre los hombros.
............R: Lo que tiene delito es que el hombre esté grave. O no quería matarle o es poco habilidosa esa señora. Lo tenía todo: el factor sorpresa, indefensión de la víctima, que además estaba en una posición perfecta para el degüelle, un arma… Yo la encerraría por torpe.
............C: Bah… Aficionadas…

lunes, 25 de enero de 2010

La Batalla del Roscón

............2 de Enero de 2004
............Tras casi morir congelado la mañana de año nuevo por culpa de mi mala cabeza y ponerme a esperar un autobús que me llevara a mi casa y que jamás pasaría porque ese día no había autobuses, Huevosduros me pregunta si quiero ganarme un dinerillo haciendo roscones para el día 5 en la pastelería donde él trabaja. Deseoso de honor y gloria, además de estar más aburrido que una ostra, acepto.

............3 de Enero de 2004
............Llego al horno de la pastelería. Me dan la casaca blanca de repuesto de Da, nuestro 'capitán', hijo del jefe. Ese día nos intruyen en lo que tenemos que hacer. Ar, sargento instructora y también hija del jefe nos arenga: "¡Y tenéis que ir deprisa, porque al otro lado del mostrador la gente nos va a estar gritando y tirando cosas!". En un alarde de irresponsabilidad por su parte, me pone a cargo de los hornos. No se ve mayor ineptitud de mando desde el teniente coronel Custer.

............4 de Enero de 2004
............Es el día más duro. La jornada es de más de ocho horas y hemos empezado a trabajar a las siete de la mañana. No le caigo bien al 'capitán' ya que ha intentado dejarme sin manos haciéndome sacar roscones del congelador durante hora y media. Afortunadamente, he podido contrarrestar el efecto quemándome los dedos en los hornos. Un alivio.
............Poco a poco he ido conociendo al resto de la tropa. A Huevosduros ya lo conocía. Buen muchacho. También han contratado para la ocasión a Pasmao y Mujer Más Fea Que Gimli. La escuadra se completa con los especialistas de turno: Espárrago y Choni, que se dedican a hacer pastelitos la mar de monos. Al recordarlos, no puedo evitar acordarme de lo que dijo Rajoy: "¡Joder, qué tropa!"

............5 de Enero de 2004
............Último día. La batalla es dura. La gente nos grita desde los mostradores y yo tengo miedo. Además, estoy hasta las narices de Mujer Más Fea Que Gimli. Se piensa que soy subordinado suyo y encima, tonto. No deja de meterme prisa cuando no he parado ni un solo momento de amasar roscón, meter roscón en congelador, sacar roscón del congelador, meter roscón en horno, quemarme dedos en el horno y sacar roscón del horno.
............Para comer, al 'capitán' no se le ha ocurrido otra cosa que pedir una paella de arroz ¡con costra! Lo que mi madre no ha conseguido en veinte años de vida lo va a hacer este tipo: que coma arroz con costra. Y el roscón, ni probarlo.
............Llego a casa a las diez de la noche. Mi familia ya se ha comido el roscón. Me han dejado un trozo. Amablemente le digo a mi madre que antes prefiero comerme una caca de vaca. Me voy a dormir. Hoy me he hecho un hombre.

sábado, 23 de enero de 2010

El bolso

............El viernes pasado, mi yo romántico y mi yo ahorrativo llegaron al equitativo acuerdo de invitar a cenar a mi rubia favorita en el chino del barrio. Haciendo caso omiso del entorno a bajo coste que le había preparado, mi niña se vistió con sus mejores galas. Conforme salía de casa, su madre la interpeló:
............—Hija, ya que te pones tan mona, no te lleves ese bolso tan cutre.
............—Pero, mamá, ¡si me lo regalaste tú!
............—Por eso sé lo cutre que es.
............Luego dicen que mi madre es tremenda, pero, al menos, cuando ella regala ropa de mercadillo, no lo confiesa ni con una escopeta en el cogote.

jueves, 21 de enero de 2010

El poder de la palabra

............Aquella aciaga mañana me pesaban los párpados más que de costumbre. Nada más poner el pie en la calle, una ráfaga de viento helado me selló los labios y me entornó aun más los ojos. El viaje en metro fue tan agobiante como siempre. Decenas de libros de tapas duras me laceraban el cuerpo como un bosque de aristas especialmente pensado para incomodar al usuario. Sin embargo, una idea se mantenía fija en mi mente. Podía visualizarla con la claridad de la certeza absoluta y en esa visión me evadía del hostil alrededor.

............Llegué a Ciudad Universitaria y divisé mi objetivo. La mole gris tormenta de la Facultad de Ciencias de la Información engullía a los primeros estudiantes, que acudían en un goteo incesante de zombis mañaneros. Mis andares eran también torpes, no quería llamar la atención. Bajo mi abrigo, todo el cuerpo en tensión. Los puños apretados dentro de los bolsillos. Y, en la mirada, la chispeante determinación del que actúa movido por un incontestable imperativo moral. No había nada que pudiera detenerme.

............Subí las escaleras, sintiendo los nervios a flor de piel y callándolos a golpe de escalón tras escalón. Llegué al último piso con la luz del invierno madrileño filtrándose a través de los cristales sucios del enorme lucernario. El haz de luz, frío y bien definido, enmarcaba la puerta de mi clase de primero de Periodismo. Todo marchaba según el plan. Los veinte minutos de adelanto con los que había salido de casa eran más que suficientes para asegurarme la soledad del aula.

............Entré en la estancia de puntillas y me moví con una agilidad felina hasta la mesa del profesor. Hacía ya tiempo que había llamado mi atención la profusa botonería tecnológica que tapizaba la parte posterior del mueble. Quizá mi irracional devoción por las películas de James Bond acrecentó aun más el magnetismo de aquel ingenio multifuncional. Me senté y sentí el poder del malo de la película. A izquierda y derecha se repartían equipos de sonido, vídeo, DVD, clavijas, enchufes indeterminados y el punto clave de mi plan: los controles de audio del micrófono del profesor.

............Tocaba Historia Universal Contemporánea. Ése era el título bajo el que se refugiaba un profesor ególatra, mesiánico e hipócrita para tratar de acrecentar aun más su ego, que comenzaba a dejarle inservibles los agujeros del cinturón. Cansado de sus constantes peroratas autocomplacientes y de su pertinaz autobombo, decidí que fuera él la víctima de la pregunta que me tenía sin dormir y cuya resolución estaba próxima: ¿qué pasa si se ponen al máximo todos los controles de audio?

............Tras girar las ruedecitas hasta el valor más alto de su escala numérica, me senté a hacer como que leía el periódico. La clase se fue llenando paulatinamente de pies que se arrastraban desganados hasta su silla. Por fin llegó el orondo docente, acompañado de una miembro de su cohorte de lameculos, que portaba un mapamundi y el esperado micrófono.

............Sentí que me estallaba el corazón durante el breve lapso de tiempo transcurrido entre el posicionamiento del micrófono sobre la mesa y su maniobra de enchufado, llevada a cabo por la enchufada. Se escuchó un sonoro “paaaf”, tras el que sobrevino un sonido similar al que emiten las torres de alta tensión. Pero sólo yo me había percatado, ya que el resto de los compañeros todavía hablaban entre ellos.

............Entonces, el profesor se sentó en la silla y se aproximó hasta quedar literalmente encajado en la mesa. El momento esperado era inminente. No podía dejar que los tímpanos de mis allegados de pupitre reventasen. Mi conciencia no podría con ello, así que les dije en voz baja, pero firme: “Tapaos los oídos, venga, ya, hacedlo”. Me miraron con una mezcla de extrañeza y miedo y me hicieron caso.

............Para entonces, la boca del gurú del efectismo tendencioso se había acercado peligrosamente a la cabeza perforada del micrófono. Sólo se llegó a escuchar un principio de “buenos días”. Enseguida se colapsaron los altavoces y un coro de pitidos diabólicamente agudos se expandió por la clase, sembrando el dolor y la desorientación.

............Pude ver cómo mis compañeros se llevaban las manos a los oídos y se retorcían sobre los bancos. El profesor intentaba pulsar desesperadamente la tecla de apagado, pero la tortura sónica no le permitía actuar con precisión y sus dedos gordos se estrellaban contra alguna otra tecla equivocada. Después, se fundió el equipo y los altavoces dejaron de emitir aquel sonido robado al infierno. Todavía se escuchaban los gritos de mis compañeros, cuando tuve que enfrentarme con la mirada de mis allegados de pupitre. Sus ojos nadaban entre el agradecimiento y la reprobación.

............Gracias a aquella operación táctica, aprendí algo que me ha servido el resto de mi vida: el poder de la palabra no depende de su volumen.

viernes, 15 de enero de 2010

Cuando estaba en los 'scouts'... Patatita

............A la edad de nueve años entré en un grupo 'scout' de Alicante. Sólo me bastó una ronda solar (es decir, un año) para hacerme veterano. Así de cambiante es el mundo de los intrépidos exploradores que buscan gamusinos. Por aquel entonces entró en el grupo un muchacho al que conoceremos con el nombre en clave de Patatita. Éste es únicamente uno de los numerosos apelativos con los que se le ha conocido a lo largo de los últimos quince años. Suele caer tan "simpático" que arrastra a su paso una pila de motes dignos de un futbolista sudamericano: Hombre Boya, Gordo Comunista o Gordo Cabrón son algunos de los más conocidos.
............Patatita era un niño follonero. Todos nuestros 'scouters' —monitores— lo decían. Todos los 'scouts' lo pensábamos. En su primer campamento de verano hizo una amplia demostración de las cualidades que lo adornarían durante el resto de su vida en una sola acción: desoyó consejos, tropezó, rompió algo ajeno, se rompió algo propio y blasfemó. Todo eso en diez segundos. Un verdadero 'crack'. Y ahora os explico qué pasó:
............A aquel campamento Mirmana también asistió, que por entonces aún era una joven 'scout'. Ella y sus compañeros hacían cosas guáis. Como, por ejemplo, cometas con papel de periódico para hacerlas volar. Mirmana, que no debía estar fina aquella mañana, no conseguía terminar su cometa. Pero al fin, poco antes de la hora de comer, consiguió acabarla. Allí estaba la cometa, sí. Pero estaba en muy mal lugar: en el camino de Patatita. Nuestra 'scouter' de turno advirtió a Patatita que no andara por entre las bancadas del comedor, que podía caerse. Pero él no hizo ni caso, claro. Y escogió la bancada en cuya mesa se encontraba la cometa de Mirmana para hacer su particular actuación. Ella vio venir el peligro y gritó: "¡Cuidado con la cometa!". Pero fue demasiado tarde. Patatita tropezó, se golpeó la entrepierna contra la bancada y no encontró más sujeción que la cometa hecha con papel de periódico de Mirmana. La cometa se rajó. Él se hizo un cárdenal del tamaño de Texas y soltó un quejumbroso: "¡Me cago en el mismísimo!"
............La siguiente imagen que tengo en la cabeza es de mi hermana intentando darle una paliza —literal— al grito de: "¡Me cago en su p**a madre! ¡Niño de los coj**es! ¡Te voy a dar de host**s hasta que nos volvamos a Alicante!". Tuvieron que cogerla entre dos fuertes muchachotes que apenas podían reducirla. Y quince años después, Mirmana aún le guarda rencor.
............Ha trabajado durante mucho tiempo en Telepizza. Lo curioso es las razones por las que empezó a trabajar (en principio para unos meses) y acabó estando más de cinco años. Con el carné de coche recien sacado cogió el coche de la madre de un amigo suyo —su amigo iba de copiloto— y se fueron a dar una vuelta. Por una calzada de velocidad máxima de cuarenta iban a ochenta y se comieron uno de esos agradables badenes que hay en las avenidas demasiado largas. El motor del coche se cayó al suelo. Así que comenzó a trabajar en Telepizza para pagar la reparación. Y durante cinco años no pudo dejarlo porque siempre enlazaba alguna denuncia o alguna reparación propia o ajena y necesitaba el dinero.
............Patatita ahora está en el hospital, el pobre. Tiene la vesícula con más piedras por quitar que Pompeya. Todo por culpa de su vida repleta de excesos digna del Elvis de la última época. Esta vida de excesos está marcada por constantes meteduras de pata, salidas de tono ante las autoridades locales y nacionales —fue denunciado y llevado a juicio por decirle a una patrulla de la policía local que les iba a poner una bomba lapa en el coche—, salidas de la carretera con su coche —se cayó al cauce del río Segura con él— y hacer verdad la máxima de que "el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra". Aunque para él debería existir una variación: "Patatita es el único animal que tropieza diez o doce veces en la misma piedra pese a la advertencia de quienes le aprecian*, además de las autoridades pertinentes y las señalizaciones al uso".
............_______________________
............*Parece incomprensible que alguien pueda apreciarle después de conocer este tipo de aspectos concernientes a su vida. No obstante, cuando consigues que no coja el coche, que no haya un botellón de por medio o esté de resaca, que no esté cerca la Policia Local, la Policia Nacional o la Guardia Civil y, sobre todo, cuando no haya ningún objeto que te pueda romper, es un muchacho agradable.

¿Entre los más buscados?

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